por Double Duty Mama
Recientemente, una mañana mientras me apuraba a servir el desayuno, noté que mi hijo mayor caminaba por la sala. Caminaba, caminaba y caminaba… Daba vueltas alrededor de los muebles, pasaba por la cocina, iba y venía por el pasillo. No soy de las que desalientan o cuestionan el ejercicio, pero sentí curiosidad y un poco de fastidio.
“¿QUÉ estás haciendo?”, le pregunté.
Señaló su podómetro y me respondió: “Trato de llegar a 10,000 pasos”.

Claro. Me había olvidado que en la escuela le obsequiaron un podómetro el día anterior y ahora lo tenía puesto en el cinturón. Todos los niños del distrito escolar al que pertenece su escuela, de primero a quinto grado, y también los estudiantes de dos distritos vecinos recibieron un contador de pasos en el marco de la competencia nacional “Caminando para toda la vida”.
La competencia, organizada por la Asociación Médica de Preparación Física de Virginia (Medical Fitnes Association), tenía el objetivo de promover la importancia de la actividad física para combatir la obesidad y las enfermedades crónicas. A los niños se les habló sobre las consecuencias de la falta de ejercicio físico y se les dijo que debían registrar la cantidad de pasos diarios que realizaban durante una semana, con la meta de llegar a 10,000 pasos por día (aproximadamente cinco millas).
El juego es una forma muy práctica de lograr que los niños hagan ejercicio, ya que desde el momento en que algo se hace divertido (“¡Vamos a ver quién se pone el pijama primero!”), ellos se muestran más interesados. Cuando dejé a mi hijo en la escuela esa mañana todos los niños comparaban sus podómetros. (Mi hijo me contó después, que algunos niños trataban de hacer trampa y sacudir el podómetro para aumentar la cantidad de pasos que marcaba, pero me aseguró que él nunca lo haría porque entonces los números no serían verdaderos y él no habría realizado el ejercicio. ¡Me sentí tan orgullosa!)
Pero, como pasa siempre, al cabo de un par de días, tuve que recordarle que se pusiera el podómetro. En lugar de caminar por toda la casa, había vuelto a su rutina de todas las mañanas: jugar o mirar televisión.
Cinco días después, encontré otros dos podómetros que los niños tenían de competencias anteriores. Le di uno a mi hijo menor y me colgué el otro en el bolsillo del pantalón. De pronto, mi hijo mayor recuperó el interés. Para ese entonces, competir con los amigos ya era aburrido, pero con mamá y el hermano en la competencia, las cosas volvían a ser interesantes.
Para mí fue una manera de recordar las muchas recomendaciones “sanas” que damos a los niños y que nosotros no adoptamos, como: “debes beber mucha agua” o “comer verduras”. Nunca me ha gustado ir al gimnasio, pero sí me agrada salir a pasear en bicicleta o a caminar con los amigos o en familia. Siempre es más divertido hacer cosas en grupo y, en lo que respecta a la actividad física, convertirla en un evento social o competitivo, hace que no parezca una tarea obligatoria. Por supuesto que sabemos que el ejercicio es importante para mantener la salud y el estado físico de nosotros y de nuestros hijos. Pero no sólo debemos hablar del tema – debemos compartir la actividad con ellos.
Para obtener más ideas y poner en marcha a toda la familia, consulte la Guía para la Familia ‘Mantente activo” de First 5 LA, Edición Primavera 2011.